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Configurando nuevas acciones: El arte como ente educativo
Por María Paola Malavasi Lachner

 

Quizás las palabras, las cuales se escojen como último recurso ante la impotencia, no logren ser más que un simple rasguño en el telar de una sociedad preocupada casi exclusivamente en la producción de bienes, no necesariamente en la calidad de los mismos. No obstante, el silencio sería un agravio aún mayor, razón por la cual decido hacer un llamado a las generaciones presentes, depositando mi fe en su proximidad al arte y la cultura, más que en el pasivismo que tantas veces me decepciona.

Conciente del rol tan importante que ha adquirido el arte entre miembros de mi generación, se me hace incomprensible, frustrante y francamente irritante la falta de estímulo que a veces se le confiere. Recientemente el congreso de Estados Unidos aprobó una reducción del 13% al presupuesto del National Endowment for the Arts (NEA) para el año fiscal del 2011-12. Tal institución, creada bajo la iniciativa del gobierno federal, mas independiente del mismo, vela por la prosperidad del arte en la sociedad Norteamericana, impulsando artista emergentes y a diferentes organizaciones culturales. A pesar de las críticas en su contra, el NEA es el más ávido contribuyente a la iniciativa cultural que regula la producción artística presente en Norteamerica. Siendo un área que con frecuencia se ve trabajando en el márgen del sistema capitalista, el arte es una rara excepción dentro de un primer mundo que tiende a dar prioridad a todo aquello que genere ganancias económicas.

Fuera del mercado del arte, los frutos, llamémosle “productos,” de tal método de fabricación no vienen empacados de manera material, o inclusive en remuneración monetaria, pues su verdadera inversión se encuentra dentro de quienes experimentan y viven su mensajes. Al descubrir el arte, al practicar sus diferentes métodos de expresión, se reconoce el ser interno: verdaderas vocaciones, gustos, inclinaciones... al descubrir la producción cultural, tanto propia como exranjera, me reconozco como ciudadano y ente activo de una sociedad, me identifico con quienes la componen.

Pareciera ser que, como herramienta educativa capaz de formar ciudadanos concientes, muchos subestiman e inclusive menosprecian la capacidad de la producción artística en cualquiera de sus formas de expresión. Tomando el NEA como un ejemplo dentro de millones de programas que se ven amenazados por los presentes recortes presupuestarios, es triste ser testigo de como durante época de crisis las artes y humanidades son quizás las primeras afectadas, por no decir eliminadas.

Bien podría criticarse su falta de próposito definido; es bien sabido (y me he encontrado a más de uno en el camino) que algunos cínicos serían capaces de asegurar, en estado de total y completa ignorancia, que el arte no tiene ningún fin práctico, que invertir en cultura es contraproducente y que los fondos otorgados a aquellas insituciones encargadas de promover, educar y acercar a quienes quizás no tienen acceso directo a las artes, serían mejor utilizados en otras áreas.

El problema es la falta de visión a largo plazo, pues si bien es cierto que la inversión no es directa y su retribución es lenta, viéndose reflejada solamente con los años, es una mucho más efectiva que los dólares o colones inyectados a proyectos que atacan el problema desde la punta, no la raíz, dinero que consecuentemente, a pesar de su intención inicial, se desperdicia con el tiempo, pues la fundación sobre la cual se ha construido tal conflicto permanece firme. Tal base, sólida e inmovible, necesita un “plan de ataque” que posicione al factor humano como protagonista, considerando que el invertir en la educación del individuo y su formación psicológica conlleva a una mayor “productividad” social.

Poniéndolo en palabras mas directas, la raíz del problema de la pobreza y el desempleo no se determina meramente por la política del nuevo estado liberal o por un capitalismo depredador, sino por las prioridades del mismo, el cual en su mayoría favorece atacar a la cúpula, no en términos de estrato social, sino de las consecuencias inmediatamente visibles, ignorando la estructura subyacente que determina tales condiciones. No es secreto alguno que el invertir en educación es un proyecto bastante más viable para el futuro de una sociedad de lo que es invertir en seguridad. Esta yuxtaposición nos presenta ambos extremos de la situacion, y es inevitable  notar como la falta de seguridad se presenta en muchos casos como consecuencia de una pobre educación y, consecuentemente, falta de oportunidades satisfactorias. 

Como parte del proyecto educativo, los programas de arte presentan una nueva ventana de oportunidad a aquel estudiante frustrado en busqueda de un táctica de comunicación que quizás se encuentre fuera de lo que ha conocido como el método convencional. Inclusive si el estudiante no ejerce su creatividad dentro del área artística misma, el mundo futuro pertenece a los creativos, a quienes son capaces de buscar soluciones alternativas en cualquiera que sea su área de desempeño. Enseñar acerca del arte no es meramente expresión visual. Que no se incurra en la equivocación de ceder a concepciones clichés y trilladas de lo que se concibe tradicionalmente como “artístico.” La manera de ver, apreciar, practicar o simplemente comprender el arte es una estrategia, un plan de ataque, el aprender a mirar las cosas desde una perspectiva frecuentemente ignorada. El arte “revela y transforma,” utilizando nuevas plataformas de enseñanza para abrir conversaciones que conlleven a un cambio verdadero en la sociedad.

Me permito exponer el caso del artista chileno Alfredo Jaar por ser su arte un ejemplo de creación con deber social. Aunque su obra es extensa y sumamente prolífica y enriquecedora, mi enfoque se basa en un pequeño pueblo en Suecia. Skoghall fue el sitio par el cual el artista concibió una llamada “intervención pública.” El pueblo debe su economía principalmente a la  fábrica de papel Stora Enso, la cual financia gran parte de sus proyectos públicos y emplea a la mayoría de sus habitantes. Con la ayuda de tal organismo, en el año 2000, Alfredo Jaar, ante la ausencia de un museo o institución que exhibiera arte contemporáneo local, construyó un pequeño museo de papel. Diferentes artistas locales fueron convocados a exhibir sus obras y todos los habitantes de Skoghall fueron invitados a la inaguración. La misma culminó con el acto simbólico de quemar tal estructura, a pesar de las protestas de sus habitantes quienes le rogaron al artista dejar tal edificio como obra permanente. No obstante, la lección había sido aprendida. Los habitantes de Skoghall se dieron cuenta de la necesidad de tener un espacio para promover la cultura, y varios años después invitaron a Alfredo, quien formalmente se entrenó como arquitecto, a diseñar un museo permanente.

El carácter educativo de la propuesta de Alfredo Jaar compone una tercera parte de lo que el artista define como su obra, ya que su tiempo tambien lo invierte dando clases en diferentes instituciones universitarias. Alfredo es actualmente profesor invitado del Savannah College of Art and Design en Savannah, Georgia, institución a la cual tengo la dicha de atender. A través de conversaciones con sus estudiantes he logrado comprender un poco mejor su proceso creativo. Este en la mayoría de los casos comienza con la investigación del lugar donde será creada la obra de arte, con el fin de entender como la población será impactada. Sus intervenciones públicas tienen la intención no solo de acercar el arte a quienes quizás no tienen fácil acceso a el y  consecuentemente educar a través de la obra, sino — y esta es quizás la parte más importante de su manifiesto — de promover la acción, de formar individuos activos dentro de un sistema interconectivo que moldee sociedades.

Así como Alfredo, existen muchos artistas comprometidos a utilizar su capacidad de mirar el mundo de manera diferente con el fin de influir en la manera en que actuen aquellos individuos quienes experimenten su arte. La belleza está en el pluralismo del arte, ya que en el se encuentran significados, enfoques y estrategias que le hablan de manera diferente a todo el mundo. El individuo es capaz de escoger su interés y a la misma vez de abrir su mente para dejarse educar por lo que el arte revele.

Ahora, si me tachan de idealista pues les diré que mi fe en el proyecto cultural se basa en mi experiencia, no en mera especulación, no solo por ser estudiante del arte sino como mentora de generaciones mas jóvenes quienes, al encontrarse con el enfoque filantrópico del arte encuentran también un nuevo enfoque de vida que trasciende los mismos límites del mundo del arte, infiltrandose en la sociedad de manera activa por medio de las mentes responsables de moldear un futuro.